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Cantar juntos para aprender a convivir: el impulso a los coros escolares desde Palacio Nacional

La presentación del Primer Concurso Nacional de Coros Escolares abre una oportunidad para que los directores fortalezcan la formación artística, la inclusión y el sentido de comunidad en sus escuelas.

Por Redacción ADEM26 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

La educación artística ocupó un lugar central este 26 de octubre en Palacio Nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum, acompañada por el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, y la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, encabezó la presentación del Primer Concurso Nacional de Coros Escolares 2026. El encuentro puso sobre la mesa una aspiración: que cada escuela pública del país cuente con un coro que acerque a sus estudiantes a la experiencia musical compartida.

Para quienes dirigen una institución educativa, el anuncio invita a pensar cómo convertir una convocatoria nacional en una experiencia formativa cotidiana. Organizar un coro implica reservar tiempo para el arte, reconocer capacidades diversas y construir un proyecto en el que cada participante contribuya a un resultado común. Su alcance educativo dependerá de lo que suceda durante los ensayos, en las relaciones entre compañeros y en las oportunidades de participación.

Una convocatoria con sentido educativo

Bajo el nombre “Canto por la Paz”, la iniciativa convoca a escuelas públicas de primaria, secundaria y Centros de Atención Múltiple. Contempla tres categorías, incluida una de educación especial para coros sin voz que interpreten mediante Lengua de Señas Mexicana. Su propósito es impulsar nuevas agrupaciones y reconocer las existentes, vinculando la expresión artística con la convivencia armónica y la cultura de paz.

Las bases permiten interpretar una pieza de libre elección, con duración máxima de cinco minutos, a capela, con acompañamiento instrumental o mediante pistas musicales. El repertorio puede incorporar lenguas indígenas, español o Lengua de Señas Mexicana, así como música tradicional, latinoamericana y composiciones originales. Esta amplitud ofrece a las comunidades escolares la posibilidad de elegir una obra que dialogue con su identidad y sus experiencias.

Un elemento especialmente valioso es la evaluación del proceso formativo. La convocatoria considera la afinación y la interpretación, junto con la cohesión del grupo, la expresión artística y la contribución a la convivencia. Además, solicita una reflexión de los estudiantes sobre la elección de la pieza y los aprendizajes de su preparación. Así, las propias voces infantiles y juveniles forman parte del sentido del proyecto.

El liderazgo que hace posible la participación

Desde una perspectiva de gestión escolar, el primer desafío consiste en abrir oportunidades. Una dirección puede comenzar identificando quién podría acompañar al coro, qué espacios están disponibles y cómo organizar ensayos compatibles con las actividades académicas. Conviene escuchar a los estudiantes desde el inicio: conocer qué desean interpretar, qué significado encuentran en la música y qué condiciones necesitan para participar.

También será necesario cuidar los criterios de integración. La selección debe considerar las características de la convocatoria y ofrecer un trato respetuoso a cada aspirante. La escuela puede ampliar la experiencia mediante actividades musicales para otros grupos, de manera que el proyecto alcance a más estudiantes. El concurso puede convertirse en un punto de partida para desarrollar una vida artística escolar sostenida.

La inclusión requiere decisiones concretas. Incorporar Lengua de Señas Mexicana demanda acompañamiento competente, respeto por su gramática y atención a su dimensión expresiva. Del mismo modo, elegir repertorios en lenguas originarias exige reconocer su contexto y significado. El liderazgo directivo puede propiciar colaboraciones con docentes, familias y personas de la comunidad que aporten conocimientos pertinentes.

De Palacio Nacional a la vida escolar

Durante el encuentro, Sheinbaum también propuso reunir a miles de estudiantes y sus familias en el Zócalo capitalino en marzo de 2027. Mencionó como posibilidades los días 21 o 28, sin establecer una fecha definitiva. La propuesta daría proyección pública al trabajo escolar y permitiría compartir expresiones musicales de distintas regiones del país.

Para los equipos escolares, cualquier participación deberá apoyarse en información operativa confirmada: fechas, sedes, autorizaciones y condiciones de traslado. Las bases entregadas prevén concursos estatales y encuentros regionales, cuya organización corresponde a las autoridades educativas. El seguimiento de las comunicaciones oficiales permitirá planear con claridad y evitar comprometer a las familias antes de contar con los elementos necesarios.

El valor pedagógico puede observarse en preguntas sencillas: ¿los estudiantes aprenden a escucharse?, ¿asumen responsabilidades?, ¿acompañan a quien necesita practicar más?, ¿pueden reconocer un error sin descalificarse? Estas preguntas ayudan a orientar el trabajo del coro hacia hábitos de cooperación. También ofrecen al director una manera de conversar con docentes y familias sobre los propósitos educativos del proyecto.

La presentación en Palacio Nacional ofrece una ocasión para devolver presencia al arte en la conversación educativa. Corresponde ahora a cada comunidad construir las condiciones para que esa intención se traduzca en experiencias valiosas. Un coro escolar puede ofrecer un espacio donde ensayar una canción, descubrir capacidades y experimentar la satisfacción de crear con otros. Para un líder educativo, acompañar ese proceso significa cuidar una forma concreta de aprender a convivir.

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